22 of December,2024

La Navidad como laboratorio urbano: hacia una transición inteligente de las ciudades de Colombia y América Latina

22 de diciembre de 2024

Articulo escrito por: Marco Peres

Director del Observatorio de Sociedad, Gobierno y Tecnologías de la Información en la Universidad Externado de Colombia.

Análisis Instantáneo

Ayer, mientras observaba el caos de Bogotá en plena temporada navideña, entre calles atestadas de vehículos, comerciantes en cada esquina, conductores  energúmenos  y una marea humana fluyendo y deteniéndose en cada semáforo, me invadió una mezcla de fascinación y alarma. La ciudad no solo estaba saturada; estaba viva, latiendo aceleradamente al ritmo del consumo y la improvisación. En medio de este frenesí, surgió una pregunta: ¿y si la Navidad, con toda su complejidad y demandas extremas, fuera nuestra mejor oportunidad para probar las capacidades de las ciudades inteligentes en América Latina?.

Es evidente que las urbes de nuestra región enfrentan desafíos titánicos. Más allá de los problemas visibles de movilidad, seguridad y medioambiente, están atrapadas en una dicotomía fundamental:  sus habitantes se comportan más como consumidores que como ciudadanos activos, y los gobiernos locales, con recursos públicos cada vez más escasos, luchan para responder eficazmente a las demandas crecientes de los urbanitas. En este contexto, el análisis de datos, la inteligencia artificial (IA) por diseño y metodologías como el Citizen Journey Map, el Diseño Legal o la Economía del Comportamiento emergen como herramientas transformadoras de innovación urbana. Pero ¿cómo traducir esas posibilidades en cambios tangibles? ¿Y cómo puede la Navidad servir de catalizador para esta transición?.

La Navidad: un campo de pruebas para las ciudades inteligentes

La temporada navideña es, por definición, una “prueba de estrés” para cualquier ciudad. Las infraestructuras se ven al límite de su capacidad, los servicios públicos enfrentan una demanda extraordinaria, el consumo  de energía crece debido a las luces y actividades de temporada, el transporte de personas a reuniones y compras genera atascos en las vías, aumenta la producción y distribución de bienes de consumo masivo y  se generan  gran cantidad de residuos por envoltorios y empaques. La Navidad como una plataforma social, económica y urbana de consumo es factor de una mayor huella de carbono y profundiza el cambio climático. La paradoja en este contexto urbano complejo es que los ciudadanos exigen más a los gobiernos locales mientras contribuyen menos al bienestar colectivo.

Este fenómeno, que parece una suma de contradicciones, puede convertirse en una oportunidad y en un valioso laboratorio para aprender de manera acelerada sobre innovación urbana si se gestiona con visión, estrategia gerencial y un plan de trabajo calculado, completo y detallado.

Imaginemos, por ejemplo, una ciudad como Bogotá que en esta temporada de fin de año debe prepararse para que salgan de su territorio, un promedio de 3.4 millones de vehículos e ingresen 3.5 millones o que debe gestionar  la seguridad en más de 50 puntos de alta afluencia de público y al mismo tiempo utiliza tecnologías emergentes para transformar el caos navideño en datos accionables y con valor, a través de:

  • Sensores y cámaras inteligentes distribuidas en las zonas más concurridas, no solo para medir el flujo de personas y vehículos, sino para analizar patrones de comportamiento individual y colectivo, como las horas pico, los puntos de mayor congestión o las preferencias de consumo.
  • IA por diseño para predecir las necesidades de los ciudadanos en tiempo real, desde la demanda de transporte público hasta la seguridad en las calles.
  • Intervenciones urbanas basadas en datos, como peatonalizar temporalmente avenidas clave para priorizar a los caminantes y ciclistas, rediseñar el uso del espacio público o experimentar con estrategias de movilidad compartida y sostenible.

En resumen, la Navidad no sería solo un período de consumo, sino un experimento a gran escala en diferentes lugares de la ciudad para repensar cómo habitamos y gestionamos los espacios urbanos. La Navidad se convierte así en la principal plataforma de conocimiento y aprendizaje de ciudad inteligente.

De consumidores a ciudadanos: el rol de la innovación centrada en el usuario

Uno de los problemas estructurales de las ciudades latinoamericanas es que sus habitantes, en lugar de actuar como ciudadanos comprometidos, asumen un rol predominantemente pasivo y consumista. Este fenómeno tiene profundas implicaciones para la gobernanza urbana: si el ciudadano no se ve como parte de la solución, difícilmente participará activamente en los cambios necesarios y las ciudades inteligentes serán realidad.

La innovación centrada en el usuario, impulsada por herramientas como el Citizen Journey Map , permite rediseñar la experiencia urbana desde la perspectiva del ciudadano y crear vínculos más fuertes entre los actores locales. En la práctica, esto implica mapear sus necesidades, frustraciones y expectativas en diferentes momentos del día y en diversos escenarios. Por ejemplo:

  • ¿Qué tan accesibles son las zonas peatonales en las temporadas de mayor congestión?
  • ¿Cómo se siente un ciudadano al tratar de encontrar un espacio seguro para descansar en medio de un centro comercial con gran afluencia de visitantes?
  • ¿Qué tan incentivado está para usar una bicicleta en lugar de su carro o el sistema de transporte público?
  • ¿Qué tan eficientes y seguros son los servicios de gobierno, comercio y banca electrónica en la temporada de navidad?

Estas preguntas y respuestas, alimentadas por datos y analizadas mediante IA, pueden conducir a intervenciones específicas del gobierno y de otros actores de la ciudad que no solo respondan a las necesidades inmediatas, sino que puedan transformar gradualmente los comportamientos de las personas y las organizaciones hacia prácticas más colaborativas y sostenibles.

El valor del gobierno digital: una promesa por cumplir

Aunque los gobiernos han adoptado tecnologías digitales desde hace décadas, la realidad es que la mayoría no ha logrado crear valor tangible para los ciudadanos: plataformas y servicios en línea que no están disponibles, aplicaciones móviles desactualizadas, utilización del papel en los trámites administrativos y la falta de interoperabilidad entre sistemas son síntomas de un problema mayor: los gobiernos no están preparados para diseñar servicios urbanos verdaderamente centrados en el usuario.

El desorden urbano en época de navidad puede convertirse en una oportunidad para replantear esta situación. Por ejemplo, crear con el concurso de las startups de la ciudad, una aplicación móvil para mejorar la gestión urbana en temporada de navidad que combina:

  • Información en tiempo real sobre movilidad (transporte público, bicicletas disponibles, calles peatonalizadas, etc).
  • Servicios de geolocalización que conectan a los ciudadanos con mercados locales, eventos culturales, zonas con alumbrado navideño, ciclorutas y corredores exclusivos para peatones.
  • Incentivos como descuentos en el comercio  o en el pago de impuestos para quienes utilizan bicicletas en lugar de automóviles durante las horas pico o si frecuentan las zonas de mayor demanda en fechas y horarios preestablecidos.

Este tipo de soluciones no solo mejorarían la experiencia del ciudadano, sino que demostrarían que la tecnología le puede generar valor inmediato y tangible.

La prueba de estrés: implementación y retos

Una prueba de estrés es una simulación controlada diseñada para evaluar la capacidad de un sistema, infraestructura, organización o proceso de resistir y adaptarse a condiciones extremas o inusuales de operación. Estas pruebas se utilizan en ámbitos como la ingeniería, la economía, las finanzas y la planificación urbana para identificar vulnerabilidades, medir el desempeño bajo presión y proponer soluciones preventivas o correctivas.

En el contexto de las ciudades inteligentes, una prueba de estrés urbano implica analizar cómo los diferentes componentes de una ciudad (movilidad, seguridad, servicios públicos, infraestructuras físicas y digitales, entre otros) responden a demandas extremas, como aquellas que surgen de eventos masivos, desastres naturales o temporadas de alta actividad como la Navidad. Estas pruebas buscan simular escenarios que pongan al límite la capacidad operativa de la ciudad, permitiendo recopilar datos, diagnosticar problemas y evaluar la efectividad de políticas, normas y tecnologías implementadas.

Llevar a cabo una prueba de estrés navideño basada en tecnologías de ciudades inteligentes implicaría las siguientes etapas clave:

  • Diagnóstico inicial: Identificar las áreas de mayor congestión y los servicios urbanos más críticos durante la temporada.
  • Implementación tecnológica : Instalar sensores, cámaras y plataformas digitales para recopilar datos en tiempo real.
  • Análisis y simulación : Utilizar herramientas de IA para analizar los datos recopilados y simular escenarios futuros.
  • Intervenciones piloto : Experimentar con medidas temporales, como zonas peatonales, horarios escalonados de comercio o incentivos para el uso de soluciones de transporte sostenible.
  • Evaluación y retroalimentación : Medir el impacto de las intervenciones, recoger opiniones de los ciudadanos y ajustar las estrategias para futuras implementaciones.

Los siguientes son ejemplos de retos que podrían abordarse durante esta prueba:

  • Reducción de los embotellamientos en zonas comerciales y residenciales implementando sistemas de gestión de tráfico basados en inteligencia artificial que optimicen el flujo vehicular en tiempo real, mediante ajustes dinámicos en los semáforos y rutas sugeridas para evitar puntos de alta congestión.
  • Aumentar la seguridad en espacios públicos congestionados, donde suelen incrementarse los delitos como hurtos desplegando sistemas de videovigilancia inteligente con análisis en tiempo real, que alerten a las autoridades sobre comportamientos sospechosos o situaciones de riesgo, como aglomeraciones peligrosas o conductas agresivas.
  • Controlar el aumento significativo de basura y desechos en calles, centros comerciales y mercados utilizando sensores en contenedores de basura para monitorear su nivel de llenado y optimizar rutas de recolección, reduciendo costos operativos y tiempos de servicio.
  • Mejorar la salud mental de las personas mediante la creación de espacios urbanos más tranquilos y accesibles, como parques temporales o zonas libres de ruido.
  • Promover el uso de bicicletas con carriles exclusivos y estaciones de alquiler gratuitas en puntos estratégicos de la ciudad.
  • Reducir la contaminación visual y lumínica regulando la publicidad y las decoraciones navideñas excesivas en ciertas áreas.

Propuestas derivadas de las pruebas de estrés

A partir de los resultados de estas pruebas, se podrían desarrollar varias iniciativas para acelerar la transición hacia ciudades más innovadoras, inteligentes, resilientes y sostenibles:

  • Creación de laboratorios urbanos permanentes : Establecer espacios de experimentación donde gobiernos, universidades y empresas trabajen conjuntamente para diseñar y probar soluciones innovadoras.
  • Rediseño de las finanzas públicas: Utilizar los datos obtenidos para priorizar inversiones en infraestructura sostenible y servicios urbanos de alto impacto.
  • Fomento de la participación ciudadana: Implementar plataformas digitales que permitan a los ciudadanos involucrarse activamente en la toma de decisiones urbanas.
  • Educación en ciudadanía digital : Promover programas educativos que capaciten a los habitantes en el uso de tecnologías urbanas y los motiven a adoptar comportamientos más responsables.
  • Regulaciones adaptativas: Desarrollar marcos legales flexibles que faciliten la implementación de tecnologías emergentes, como la IA y los vehículos autónomos y eléctricos, en contextos urbanos.

Reflexión final

La Navidad, con su significado y la entropía urbana que genera, puede ser más que una temporada de consumo: puede convertirse en un punto de inflexión para nuestras ciudades. Si aprovechamos esta oportunidad para implementar laboratorios de ciudad y pruebas de estrés tecnológico y operativo  de los servicios urbanos, no solo responderemos a los desafíos inmediatos, sino que sentaremos las bases para un futuro urbano más inteligente, inclusivo y humano. En palabras de Gabriel García Márquez, “la vida no es lo que uno vivió, sino lo que uno recuerda y cómo lo recuerda para contarla”. ¿Qué narrativa queremos construir para nuestras ciudades? Tal vez, en el caos navideño de Bogotá y de tantas otras urbes latinoamericanas, esté la esperada respuesta.

*Artículo elaborado  por Marco Peres – CEO de Stoic Minds y Stoic Cities con el apoyo de la IA

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